miércoles, junio 06, 2012

Con Cine Foro fue celebrado el 5 de junio Día Mundial del Ambiente en el NUDE Capirugente.

Iniciando el cine foro por la desmercantilización de la naturaleza.NUDE Capirugente.Maracaibo. 
Foto: Jesús Lares.



Desde las 6 pm nos fuimos congregando en la sede del NUDE Capirugente, en plena calle Carabobo del casco histórico del Puerto Maracaibo. Definir logística, encuentro de amigos y de personas que por vez primera asisten a este tipo de convocatorias. Desde el río Socuy, desde Wayuumana baja la producción de gallinas ponedoras y aparecen los diseños, los colores del cosmos wayuú. La Cinema Cartonera, propuesta del PFG Gestión Ambiental de la Universidad Bolivariana de Venezuela Sede Zulia despliega sus cartones para nuevamente dar cobijo al cine militante. La humedad de mayo y de inicios de junio se hace sentir.

Mientras se definía el tema de la proyección, mientras el abrazo de amigos germinaba fue el sol declinando y es así como a las 6:46 pm dimos inicio, desde unas breves palabras introductorias a este esfuerzo plural para ver(nos) y oir(nos) desde el cine que cree en la justicia social y apuesta por la poesía visual. Agradecidos con el Colectivo Cimarrón, con la Organización Homo et Natura, con La Guarura, con Clorofilazul dimos inicio con unas contundentes e ilustrativas palabras del luchador, antropólogo Lusbi Portillo (Homo et Natura) donde salió a relucir la problemática de la economía extractivista minera que aún en nuestro país apuntala el modo de desarrollo económico. Del carbón mineral explotado a cielo abierto, de su huella sobre las comunidades indígenas, de la estafa del estado gobierno que apostó desde Corpozulia al desarrollo minero otrora y actualmente desde la activación de carboeléctricas escuchamos los asistentes información pormenorizada, argumentada y validada por más de dos décadas de lucha desde las duras contingencias que la realidad local, petrocarbonífera fronteriza define.

Lusbi Portillo, Homo et Natura.

Dióxido de carbono y calentamiento global fueron importantes aristas de lo debatido inicialmente para dar cabida al cine foro desde la palabra crítica que no esconde su razón de ser y su emocionalidad esperanzada en la defensa de los ecosistemas biodiversos, frágiles de nuestro estado, nuestro país, nuestro planeta. Van rodando entre los asistentes trípticos ilustrativos de la ONG Homo et Natura. La gente sigue llegando y se imanta en derredor de la loneta donde en pocos momentos la luz del cine ilustrará desde las imágenes y el sonido.

Parece irreal hacer converger a tanto pariente, aliado conocido y por conocer ocupados en la entrega artística, política, científica, económica del comunalismo dessde abajo. Afinado todo (al parecer) iniciamos con el documental "A cielo Abierto" del amigo zuliano Juan Pablo Núñez. A escasos minutos de iniciado el material el audio de los entrevistados no encuentra salida. Luego de trabajada la intención de hacer ver este importante material se propone avanzar con el largometraje de Peter Brosens y Jessica Woodworth "Altiplano".

Afinado el sonido se da inicio a una impresionante muestra de cine poético, de cine cercano a la realidad dolida de la localidad de Turubamba (andes peruanos) donde empresas mineras extractoras de oro ofrendan desarraigo, tensión y derrames de mercurio. La oscuridad nos cobija y las sonoridades, las simbologías, el altiplano, su historia interpretada desde la visión de dos cineastas europeos nos alumbra. Se siente la concentración de los presentes en cada escena, en cada acto revelador de esta película.

Se culmina con aplausos sentidos mientras la humedad obliga a hidratar con cerveza el alma que ya se nos sale. Es importante insistir de nuevo en la proyeccióndel documental sobre la mineria local en el Zulia pero pudo más la acción retardataria de las prótesis tecnológicas que nuestra ardorosa gana de mostrar la realidad de las voces y luchas del Socuy y los que le pueblan y defienden.

Se inician los asombros y la flor de la palabra brota. Se suceden los compañeros y compañeras activados por la imagen, por los desafíos que nos definen y tras bastidores se logra vender la totalidad de "cartones de huevo" traídos desde el Socuy, y parte del queso de cabra que ya habla de la producción autónoma, agroecológica que late desde los compañeros de la organización indígena wayuú Maikiraalasalii (que traduce en wayuunaiki: los que no se venden).

Palabra encendida, cuerpos a plena luz mientras la luna se deja ver llena y amarilla en plenitud. Decidimos ofrendar los audios de este trueque de fraseos para ilustrar un poco la necesidad de seguir diciéndo(nos) verdades, de seguir apostando por la fraternidad y la revelación de los ardorosos dolores que cuadriculan y hieren a la naturaleza local y planetaria. ¿Qué voz de nosotros, de vuelo poético y político llegará a la Cumbre de los Pueblos en Río de Janeiro ahora a escasos días de esta gesta alternativa a la trampa de Río + 20?, ¿Será que desde acá podemos desmontar la farsalia de la economía verde en base a los dolores, ardores del desconocimiento que ha significado no demarcar los territorios indígenas con la celeridad y transparencia debida?, ¿Será que la minería del carbón reaparece en tiempos electorales y amenaza mucho del trabajo a pulso que se ha venido construyendo en abrazo junto a las organizaciones ecológicas, las comunidades indígenas y urbanas y los medios alternativos de comunicación?,¿Qué seguir diciendo(nos) para que la movilidad no cese de construir camino, senda buena?

Respondámo(nos) en gerundio creador, fraterno y diverso.

Aquí imágenes y audio de lo comentado por los partícipes del foro por la desmercantilización de la naturaleza, por el agua, la vida y la autonomía indígena en sus territorios ancestrales:

público asistente. concentrado en la imagen.

parte del público asistente (colectivo cimarrón)

fraseo de Juan Carlos La Rosa

 ¡¡¡Escucha las intervenciones de los participantes del cine foro acá!!!



en el fraseo Valentina Perozo(00:00 min - 01:30 min.)

en el fraseo  Alexis Cabezas (01:42 min. - 07:07 min./ riposta en: 28:40 min. - 30:03 min.)

 en el fraseo  Nehemías Bracho(07:15 min. - 10:48 min.)

en el fraseo  Juan Carlos Guillén (10:55 min. - 19:50 min.)

 en el fraseo Nelson Muñoz(20:00 min. - 28:30 min.)

 en el fraseo  Manuel Noriega (30:34 min. - 32:21 min.)

 en el fraseo  Ramón Bazó (32:28 min. - 36:33 min./ riposta en: 38:11 min - 39:05 min.)



en el fraseo  final de cierre del cine foro Nicanor Cifuentes Gil (36:34 min. - 38:10 min.)


Fotos: Lenín Parra/Nicanor Cifuentes Gil.

Gracias NUDE Capirugente, Colectivo Cimarrón, Homo et Natura, La Guarura, el PFG Gestión Ambiental de la Universidad Bolivariana de Venezuela - Sede Zulia, Cinema Cartonera, Clorofilazul, Colectivo Enjambre, parientes, hermanos, hermanas, aliados, gente grata que cree en estas acciones para seguir desfaciendo entuertos.

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lunes, mayo 04, 2009

Los peregrinos de la basura

orilla lacustre en santa rosa de agua. parroquia coquivacoa.
municipio maracaibo. estado zulia.

Lenín Parra, amigo y aliado de la biología que se comparte con la gente, esta mañana nublada de mayo me acerca un calendario de propuestas de reciclaje para nuestra sede universitaria, la de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Veo que ya para este 17 de mayo de 2009 aparece en la cuadrícula: Día del Reciclaje.

Tantas veces polemizado, tantas veces verguenza de estas urbes que habitamos, la "basura" debe asumirse desde otro enfoque. Escuché una vez: "la basura es una decisión política". Es decir, aclaro para los confundidos, decidimos, escogemos desde nuestras percepciones particulares de mundo, de vida qué reusamos y qué mandamos al olvido de la cesta de basura.

Escuché también del gran problema que implantó la estrategia publicitaria del siglo XX venezolano: Apúntale a la cesta!!! en virtud de que nos libraba de toda responsabilidad sobre la basura que generamos en colectivo y nos creaba la sensación, vana sensación, de que eramos buenos ciudadanos si improvisábamos unos lances a la cesta de la basura.

durante la década de los ochenta del siglo XX esta imagen en Venezuela pretendió erigirse como la solución al problema de la basura.

En oportunidades me ha asombrado hasta el llanto reflexivo la capacidad creativa del humano ser para retomar acciones que no generen tanto desecho innecesario. Me desafía fogonazo la posibilidad de ver crecer muy pronto plantas de tomates en mi balcón de apartamento clase media, por sólo mencionar un rubro pues de plantas medicinales ya tuve el placer de experimentar la bondad botánica.

Hasta ahora solo un agave del Departamento de Cundinamarca, Colombia, me acompaña en el balcón. Del Jardín Botánico de esa ciudad pensada y terrible, dolida y culta viene el agave.

Viajo en buses y autobuses y gran parte de la tracción que me moviliza parte de los latidos del corazón puño que bombea en sístoles y diástoles. Un día vendrá el automóvil para pasear y montaré a un viaje de almas para no corromperme en soledad, en burbuja de confort.

Hemos trabajado propuestas para construir libros de cartón corrugado, para educar y asombrar en la ecología profunda, sencillita, diáfana, directa al alma. Saberes de Nuestra América que nos aleccionaron e inspiraron a tomar "cartas en el asunto"; sin embargo aún vemos envuelta, por ahora, a muchas ciudades de este país y este continente en celofanes y latones, en agites y consumos non gratos.

Y toca decirlo: Yo te desnudo oropel capital, afán de lucro, consumo voraz!!!

Yo siento que el texto que tomo a continuación del diario Panorama, periódico local tantas veces aliado y adversario (contradicciones de esta vida interesante y desafiante) bien vale una lectura respirada para insistir en lo pendiente, para asumir lo que corresponda: Sembrar, Caminar, Sentir, Reciclar, Reutilizar este amasijo de dolores y temas pendientes y mutarlos, tornarlos en maravilla que aleccione y de placer y gozo en la cotidianidad.

De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba. A veces es necesario darse un baño de tumba, dice el inmenso poeta de Chile y del mundo azul, Pablo Neruda. Creo en ello. Amo desde esta convicción.

Aquí el texto de Mélida Rosa Briceño, la que se bañó de peregrina de la basura, ella que a 20 minutos de la ciudad petrolera que mentan Maracaibo, desde el "relleno sanitario" supo enhebrar frases para denunciar aquello que leerán ya.


cartón corrugado: material para la creación.

...

Los peregrinos de la basura

Texto: Mélida Rosa Briceño

Una periodista de PANORAMA trabajó durante cinco días en el relleno sanitario de Maracaibo, ubicado en el municipio Jesús Enrique Lossada, para retratar cómo sobreviven entre la basura más de 800 personas. Conozca la historia.

Corremos atropelladamente entre la espesa montaña de basura para buscar botellas, trapos, cartones y comida. Casi no dejamos que el camión descargue sus cinco toneladas y ya estamos asomados arrebatando las bolsas, escarbando como zamuros entre la mortecina.

A mi lado, los perros con sarna, los chivos, los burros y las garzas blancas ya domesticadas, compiten por alimentarse de los desechos.

Más allá del sumidero, a unos 20 minutos, está situada Maracaibo, la capital petrolera de Venezuela. Donde un millón y medio de habitantes desarrollan su vida cotidiana, ajenos a lo que ocurre en La Ciénaga, municipio Jesús Enrique Lossada. Allí, cerca de 800 seres humanos, los peregrinos de la basura, bordean el filo de la vida. Agonizan pensando que ésto es todo cuanto merecen.

Su visión del mundo se centra en estas 110 hectáreas repletas de desechos, desde hace 30 años. Van y vienen resignados. Es como un campo de concentración donde nadie quisiera estar. Ahí van a parar unas 280 toneladas de basura diarias que generan los habitantes de La Concepción y Maracaibo.

Tres operadores de máquinas aplanan la montaña segundo a segundo y aún así, crece y crece. Los peregrinos del basurero caminan detrás de esta aplanadora hurgando el suelo para avistar —más allá de lo que siempre recogen—, un anillo de oro, una cadena o dinero, como ocurre frecuentemente. Entonces, si encuentran alguno de esos tesoros, se lanzan hacia él y, en un segundo, se levantan con el botín en sus manos.

Mi adaptación a este lugar no fue muy compleja. Ingresé el jueves 2 de abril, a las 8:00 de la mañana. A lo lejos, a unos 300 metros, mientras escalaba con paso ligero hacia el alto y tupido vertedero, observaba un tumulto de personas, como un tapiz abigarrado. Así lo hice todas las mañanas, durante cinco días seguidos. Mi ropa era acorde con el trabajo. Desarrapada, sucia, botas de caucho, un trozo de tela para protegerme del polvillo, guantes, una botella de agua y un rostro desesperado.

¿A quién buscáis?, preguntan casi al unísono varios hombres cuando llego por primera vez. —Necesito trabajo—, les contesto. Inmediatamente llaman a dos de sus líderes, uno es Julio y el otro José. No me observan, en realidad me examinan de arriba a abajo. Julio, de unos 50 años, me abruma con preguntas ¿Pero qué tipo de trabajo andáis buscando?, ¿cómo te llamáis?, ¿dónde vivís? Le respondo con determinación: Quiero trabajar con ustedes recolectando algunas cosas que pueda vender aquí mismo, me llamo Rosa y vivo en Los Ángeles, un sector cercano.

Mi objetivo de reportera es claro, estar en la piel de una mujer llamada Rosa y vivir una semana como una más de los peregrinos de la basura. Me interno en este abismo para retratarlo tal cual, desde los ojos de quienes lo padecen. No han pasado quince minutos de mi llegada y ya tengo un saco sobre mis espaldas y las primeras instrucciones para empezar.

José me presenta a Aníbal, quien será uno de mis ángeles de la guarda durante esta experiencia. Es wayuu, de ojos color marrón, piel oscura ajada por el sol. Tiene 38 años y es todo un veterano de estas batallas. Me dice que recoja lo que pueda. “Las latas de aluminio valen más, pagan el kilo a 1,5 bolívares, pero empieza con botellas y trapos. Cuando termines, aquí mismo hay unos señores que nos compran por kilos. No pares para que te rinda”.

Sus consejos son diamantes para mis días en el basurero. “Cuando lleguen los camiones tienes que correr, brincarle y pensar que traen oro. Rompes las bolsas rápido y buscas lo que sea. Trata de reunir todo lo que puedas para que hagas el día, después te acostumbrarás. No es fácil Rosa, pero tienes que hacerlo si piensas quedarte aquí mucho tiempo”.

Aníbal me abriga con sus detalles. Le da confianza a mi estadía. Me obsequia los mejores pantalones y cuanta prenda bonita encuentra, en sus manos tiene con frecuencia un jugo de limón listo para mí. No lo siento en plan de conquista, sino más bien de protector. Aunque él insiste: “Hay otros trabajos, en casas de familias que no son tan feos como éste. Si fueras mi esposa, no dejaría que trabajaras aquí”.

La mañana transcurre y yo recojo botellas, trapos y papeles, tal como me aconseja Aníbal. Al mediodía, el aire es pétreo, inmóvil. Aún así, los peregrinos de la basura no andan con remilgos para seguir escarbando entre los desechos. Hay unos cuantos sacos que llenar, barrigas que alimentar. ¡Esta gente tiene una capacidad extraordinaria de aguante!

El trajín me acosa, llevo tres horas seguidas sin descansar y un saco y medio de botellas sobre mis espaldas. Me detengo un momento a reposar. Me siento debajo de las sombrillas de los guaraperos que venden jugos. Tomo agua, me limpio el sudor, pero el olor nauseabundo de la basura de todos los días, y del cúmulo de 30 años, me aturde. Se mete hasta mis huesos. Hace que mi estómago se remueva y chille de dolor.

Tras el descanso, vuelvo al campo de guerra.

Ese sacrificio que yo experimento tal vez es el mismo que ellos padecen, sin darse cuenta, en busca de una escasa compensación. Los pagos que hacen los chatarreros, que llegan en sus camiones 350 por los desechos clasificados son miserables. “Aquí, el que más dinero hace llega a 20 o 30 bolívares fuertes diarios”, me cuenta uno de los trabajadores, a quien apodan “El Lobo” y lleva apenas cuatro meses en el vertedero.

Para evitar esos pagos ínfimos hay quienes prefieren vender su mercancía por fuera. “Yo no regalo mi trabajo aquí. Son unos ladrones y se aprovechan de la gente. El aluminio me lo pagan en otro lado a 2,5 bolívares el kilo y hay lugares que lo pagan más caro. Son muy vivos, hasta dañan los pesos (balanzas) para pagar menos”, me cuenta otro José, un muchacho de rostro pasmado.

Pero el problema es que sólo los que tienen burro carretillero o bicicleta pueden cargar sus bolsas de desechos a otro lado. Se van a La Concepción o a El Samide, sectores que están a unos 20 minutos, donde encuentran compradores que pagan a mejor precio.

La jornada entre la espesa montaña de basura no tiene horario. En el relleno hay movimiento las 24 horas del día y no faltan grupos que pernoctan allí. Se dedican a recolectar en pequeños sacos, cartones, vidrio, ropa y hojas de papel que ellos llaman archivo.

En sacos más grandes buscan bolsas de plástico que luego venden a los chatarreros que parecen vampiros hambrientos con sus balanzas descompuestas para mal pesar y sus escasos bolívares para pagar.

Con el dinero que reciben, los peregrinos de la basura se alimentan en medio de la jornada. Le compran a los vendedores que llevan comida en las bicicletas con carruchas. Hay arepas para el desayuno en 1,5 bolívares, almuerzos en 5 bolívares, jugos a un bolívar y agua con hielo en 50 céntimos.

Dos mujeres se dedican a preparar hervidos que venden a 5 bolívares. Ellas caminan encima de las bolsas repletas de comida podrida, sobre miles de gusanos, desechos de hospitales, trapos sangrientos, perros muertos y vísceras de pollo, provenientes de las industrias polleras. Esos residuos son la vendimia del día que le dará sabor a las sopas.

Las vendedoras de hervidos, al igual que las otras mujeres, hombres, niños y ancianos están ya inmunizados ante tanta calamidad. No reaccionan frente a un sol que los abrasa sin piedad, ni tampoco les preocupa el enjambre de moscas, voraces y pesadas que los asedian y se posan sobre sus labios y párpados.

Yo me pregunto, mientras los contemplo, ¿Qué pasa por sus cabezas?, ¿sueñan?, ¿hacen planes? ¿se irán algún día de aquí? Difícil saberlo.

Este oficio se ha convertido en una herencia impuesta para los más pequeños. Todos ellos vienen de una cadena ancestral de trabajadores del relleno: abuelos, padres y nietos. Sin duda, es un patrón de vida, como si llevaran ya la basura en sus genes.

A inicios del año pasado el Gobierno nacional, a través de la Alcaldía de Maracaibo, rescató a 34 de ellos para insertarlos al sistema educativo. Pero no fue suficiente.

Llego a contar hasta 15 niños, entre hembras y varones. Nueve de ellos tienen entre seis y ocho años y los otros van de 10 a 12 años. Juegan entre bolsas, cauchos y pedazos de colchón con juguetes rotos que encuentran, arman casitas de cartón y eso para ellos es el “gran parque de diversiones”. Se han vuelto ágiles escarbando entre los desechos.

De manera muy discreta les preguntó si van a la escuela, sonríen con recelo y responden: “No vale la pena estudiar, aquí ganamos dinero”. La mayoría de ellos no sabe leer.

Junto a los niños también hay mujeres embarazadas. Unas venden guarapo de limón y otras buscan desechos. Dos de ellas, andan por ahí, entre gusanos, casi descalzas, con las piernas llenas de mugre y con sus barrigas a punto de estallar. Aún así, suben una cuesta de 300 metros para llegar al vertedero. Van a pie y cargan sacos con 50 kilos. Veo cómo se les remueven las criaturas en el vientre cuando el sol arde.

El 80% de los peregrinos de la basura son indígenas, wayuu y paraujano. Otro grupo menos numeroso es el de los colombianos. Casi todos residen en los barrios aledaños como Chicho Troconis, El Pendal y La Ciénaga. Son invasiones que también se han apoderado de los terrenos del vertedero. Los ranchos son de latas de zinc, estrechos, sin electricidad ni servicio de agua, que compran a los camiones cisterna que pasan de cuando en cuando. La pobreza arde en cada familia como la esfera incandescente del sol zuliano de mediodía.

No poseen bienes. Lo más lujoso que pueden tener es una bicicleta, y éso ya es una fortuna. María, una de ellas, me pregunta si tengo nevera. Digo que sí. Vociferan: ‘‘Viste que la alijuna tiene nevera’. ¿En serio?”, me preguntan una y otra vez.

Me sorprende su insistencia al preguntar por la nevera porque no son muy conversadores. Cuesta lograr unas palabras con ellos y ellas, tanto que me miran sorprendidos cuando hablo más de la cuenta.

En los instantes de reposo, José, uno de los veteranos que me recibió cuando llegué, se confiesa conmigo. Me cuenta que estaba muy pequeño cuando su padre lo llevó de la mano al basurero. Toda su vida la ha pasado en ese lugar. José es noble y de semblante apacible, colabora echando unas cuantas botellas en mi saco y se extraña cuando un ¡Gracias! me delata. Pues casi nadie sabe de modales, aunque eso no los hace menos atentos.

Mientras recojo botellas, Josefina, la abeja que más trabaja en este panal de la basura, camina a mi lado. Parece muda. Las huellas del dolor permanecen en su rostro, el sudor bordea sus párpados y ella lo aparta con su guante mugroso para seguir. Insiste en no descansar, casi no levanta la mirada. Recoge bolsas en un saco gigante. Hace entre 80 y 90 bolívares todos los días. Es la primera que llega y una de las últimas en irse.

Ella es colombiana y desde que enviudó trabaja sin descanso para sus cinco hijos. Lleva la camisa empapada, el pelo apelmazado, pareciera que no cesan de atormentarla la sed, el tedio y la sensación de que el tiempo corre y no puede descansar porque debe llevar el dinero a casa.

Una de las amigas de Josefina es Ángela, morena de contextura gruesa. Tiene unos 60 años y es una de las pioneras del relleno. Llegó allí a principio de 1978. “Ya no busco entre la basura, ahora vengo a buscar comida para los cochinos y a comprar envases de talco para revenderlos a las fábricas de Borocanfor, uno los paga aquí en 60 céntimos y allá los vendemos a 1,2 bolívares. Los vuelven a llenar para la venta”.

Ella, a diferencia de la mayoría, quiere contármelo todo. “Cuando se mete la época de lluvia es terrible, se nos hunden los cuerpos, muchos se enferman y aún así vienen a trabajar. También he visto varios fetos entre la basura y hasta partes humanas”.

Ángela recuerda un terrible episodio en donde vieron cómo las llamas arrasaban con todo. “La candela tomaba fuerza desde adentro de la basura por la cantidad de gases acumulados. No pudimos hacer nada para salvar a los burritos carretilleros ni a los chivitos, se quemaron en medio de ese desastre, éso fue muy triste”.

Aquí no hay ningún tipo de protección sanitaria. Apenas los maquinistas usan una mascarilla y un casco. De resto, todos están expuestos a cualquier tipo de infección. Durante cinco días que estuve allí no vi funcionarios inspeccionando el lugar. Las normas de seguridad tampoco están establecidas. En la entrada sólo se encargan de pesar la basura.

Un proyecto de saneamiento, reorganización y clasificación de los desechos es la promesa para el relleno desde hace ya cinco años. En la última visita que hizo la ministra de Ambiente, Yuvirí Ortega, el pasado 21 de agosto, anunció que para noviembre, o a más tardar diciembre del 2008, culminarían las fosas impermeables y las lagunas de líquidos orgánicos, donde se exponen al aire libre más de 2 mil toneladas de desechos al día.

En esa oportunidad, la titular se comprometió, no sólo a restituir el sistema de fosas —en desuso desde hace diez años—, sino en dar asistencia a las personas que viven de la actividad y a los pobladores adyacentes. “Me comprometí con ellos porque dicen que ya están cansados de censos”, declaró la ministra ese día. Pero esa promesa no se ha cumplido.

Los trabajadores tienen algunas expectativas al respecto. “Por ahí escuché que nos van a censar cuando nos mudemos para la fosa que están construyendo, y que nos darán uniformes y todo eso que no tenemos para protegernos de las infecciones”, dice Ángela.

Pero mientras ese día llega seguirán confinados a esta realidad. La Alcaldía de Maracaibo, que maneja el relleno, tampoco responde a sus necesidades. Sometidos a escarbar y escarbar entre los desechos todos los días. Esperando siempre la llegada del mediodía, que es la hora en que la basura se vuelve dinero. Entonces, cuando el reloj marca las 12:00, yo me apresuro a salir antes que los demás. Quiero saber cuánto dinero me darán por tres sacos de botellas y uno de trapos que logro recoger el primer día.

Ahí llega Alejandro, el comprador de vidrios, un muchacho moreno que aparenta unos 30 años. Es tosco y me mira con malicia. Apenas cuenta las botellas, cada una cuesta 3 céntimos, por todo me da 6 bolívares. No es nada comparado con el esfuerzo que se requiere.

Pero lo peor es el pago, del otro comprador, por el saco de trapos. Me da 4 céntimos por el kilo, lo que me significa un bolívar. El primer día fueron siete bolívares tras escarbar entre los desechos dejados por unos 35 camiones.

Aunque soy primípara en este oficio, mi ingreso al mediodía es parecido al de algunos peregrinos de la basura. El segundo día recojo la misma cantidad de botellas por 5 bolívares. Al siguiente no hay mayor venta porque uno de los camiones de basura se incendia, tras una falla eléctrica, y eso obstaculiza el paso toda la mañana. Apenas recolecto un saco y medio de botellas y medio de trapos. Ingreso total: 2,5 bolívares.

El domingo es un día desolado. Alcanzo a buscar un saco de botellas que dejo al cuido de una señora que apenas conozco. Se llama Lucila. Me cuenta que los domingos no van los chatarreros a comprar las botellas. “Pero tranquila, las dejamos aquí y nadie se meterá con eso, aquí se respeta mucho la mercancía ajena”.

Los chatarreros venden las cargas a las industrias que elaboran mangueras, envases de vidrio y cajas de cartón que están en la Cañada de Urdaneta, el kilómetro 4, El Samide y La Concepción. Es lo que le escucho a Alejandro. El kilo de trapo, cartón y papel lo pagan a 2 céntimos y el plástico a 4 céntimos.

Con Lucila prima una conexión maternal maravillosa. Tiene 12 hijos y dice que ya está cansada de ir al relleno. Yo observo su mirada ausente, tan similar a la de muchos de ellos, siento que no intenta divisar nada. Su curiosidad está apagada. Es como si conciliara definitivamente con el horror.

Con el paso de los días aparece la amistad. Las hermanas Verónica y Yelitza me brindan su confianza. Ellas venden guarapo con limón, avena fría, agua y hielo a un bolívar y arepas con carne y pollo a 1,5 bolívares. Les va bien en el negocio. Recogen entre 70 y 90 bolívares diarios. Tienen una bicicleta para transportar los alimentos. Viven en una invasión cercana que se llama Paraguachón.

Yelitza tiene 21 años y no recuerda exactamente cuánto tiempo hace que va al vertedero, pero dice que estaba muy pequeña cuando fue con su madre. Me cuenta que allí los hombres son “muy pasados. Diremos que somos primas pa’ que no se metan con vos”, idea que resulta muy útil. Su padrastro y otros familiares también están allí y asegura que entre todos me van a cuidar. Son algunos de los protectores que Dios me envía durante mis cinco días en el basurero.

Además de los hombres pasados, en el relleno prolifera la venta de alcohol y drogas. Algunos cumplen sus jornadas inspirados en sus botellas de ron y sus pases de droga que esconden entre los harapos. La botella de ron cuesta 12 bolívares y 3,5 la copita. También hay cerveza a 2,5 bolívares.

En la noche reina el temor. “Da miedo estar acá porque a la gente que viene a trabajar, el consumo de drogas los vuelve locos. Para las mujeres siempre es más peligroso, deben estar en grupos porque si se separan pueden ser violadas y hasta conseguir la muerte”, me relata José, el veterano.

La prostitución no es ajena en el basurero. Una mañana, mientras trabajo, un guajiro se acerca para ofrecerme 20 bolívares. Pregunto de qué se trata y él dice: Bueno, tú sabes, si quieres... Mi rechazo, un poco envalentonado, lo mantiene al margen.

La tragedia, en forma recurrente, hace estragos en este lugar. El pasado 14 de marzo, el niño Gabriel González, de 9 años, murió luego que una máquina pesada le aplastara el cráneo. Al parecer, el pequeño se quedó dormido en medio de la basura tras cubrirse con varias láminas de cartón. Al día siguiente, su inocente cuerpo, silenciado para siempre, fue descubierto entre la montaña de basura.

La mañana del lunes santo, en mi último día de trabajo, se presenta un nuevo conflicto. Los conductores de los camiones de basura paralizan la entrada del relleno buscando que atiendan sus reclamos salariales. Todos los peregrinos se quejan, la situación altera su paciencia. “Ésta es la vida de los pobres, si no suben los camiones perdemos el día y no tenemos ni para los pasajes”, comenta uno de ellos.

Al caer la tarde, yo camino agotada entre las paredes del relleno, en medio de sus muros de desechos, consciente de que mi jornada, entre olores inmundos y seres humanos nobles, está por terminar.

Verónica, como si intuyera mi partida, me invita a su casa, donde nos esperan sus tres niños y Yelitza, que también tiene dos hijos. Hablamos mientras caminamos por una trilla hasta llegar a su rancho de zinc, de unos seis metros cuadrados, sofocado por los soles de abril. Allí está Manuelito, el hijo de Yelitza. Ella le ayuda con sus tareas escolares. Es una imagen hermosa: La de una madre que intenta romper con la herencia del basurero: “No queremos que nuestros niños vayan al relleno, prefiero que estudien pa’ que no sean como nosotras”.


Tomado de diario Panorama, 4 de mayo de 2009.
http://www.panorama.com.ve/09especiales/new-especial/en-la-piel-de/002.html

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miércoles, octubre 22, 2008

otro día de la muestra de cine indígena. La UBV-Zulia abraza a la imagen comprometida con nuestras luchas

martes 21 de octubre de 2008. La Universidad Bolivariana de Venezuela - Sede Zulia se abraza con la iniciativa de la 1era Muestra de Cine Indígena y en esta oportunidad el auditorio Karl Marx del Edificio Rectorado da la bienvenidad a la película "Nuestra Historia está en la Tierra" así como a su director el cineasta Eliézer Arias.

Luego de una jornada plena el fin de semana en las comunidades indígenas yukpas de Río Yasa, Guamo Pamocha y Chaktapa (ubicadas al suroccidente de nuestro Estado zulia), se inicia una importante jornada con los docentes y estudiantes de los 9 Programas de Formación de Grado de nuestra sede universitaria en horas de la mañana de este martes.

La intención fundamental era la de propiciar un espacio de asombro y reflexión ante la producción audiovisual del investigador invitado. A partir de unas breves palabras de nuestro Coordinador de Sede, el Dr. José Huerta, y posterior a unas indicaciones puntuales para el público asistente a la actividad y una bienvenida por parte de la Coordinadora de Planificación, Econ. Cairoly Urdaneta, se dió inicio a la presentación de la película.

Hablar de las cosmovisiones indígenas que en Venezuela y en específico en el Estado Zulia (región occidental de esta patria) es sumamente importante toda vez que ya sabemos que en la Carta Magna del año 1999 se logró dar un salto cualitativo en relación a los derechos de los pueblos indígenas sin embargo aún hoy muchas contradicciones e incertidumbres afloran sobre todo a lo concerniente con la actual Comisión de Demarcación de Territorios Indígenas.

Esta película como bien lo verán en la sinopsis presente en el blog aliado Mapeando Significados, es clave para entender en un argumentado contexto histórico y socio cultural, lo relacionado con los espacios de vida que reclaman los compañeros indígenas venezolanos.

La presencia de un auditorio atento a cuanto se proyectaba fue generando una importante atmósfera reflexiva que luego se hizo sentir, plena y plural al momento de interactuar con el amigo director de la obra fílmica proyecctada.

Las imágenes que siguen a las relacionadas con la proyección en los espacios de la UBV de la película "Nuestra Historia Está en la Tierra" son parte de este esfuerzo colectivo que irradia a muchos lugares de este Estado.

En la noche, a las 7:30 p.m en la Sala Audiovisual del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez se dió inicio a otra actividad interesante relacionada con los hacedores de la imagen comprometida de las comunidades Wayuumana, Socuy (Municipio Mara al noroccidente del Estado Zulia) Jorge Montiel así como del 2do Cacique de la comunidad de Chaktapa, Sabino Romero (hijo).

La proyección de fuertes y reveladoras imágenes nos permitió entender el dolor de las luchas que actualmente se libra en el estado Zulia en defensa del agua, la vida. La conversa con cada uno de estos importantes hacedores de imagen llenó a la sala de fuerza digna pues se trataba de discursos plenos de dignidad, arropados de humedad y maravilla.

Sentirse aliado de estas luchas, entender que la imagen audiovisual a veces no sólo entretiene sino que también desnuda las paradojas de la realidad, las incertidumbres y las frustraciones de comunidades enteras en espera de justicia y posibilidad de seguir ejerciendo ampliamente su modo de ser y amar, su manera de sentir y sembrar, de crecer y luchar, entendimos que fue muy positiva y estimulante
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Preguntas y reflexiones, anécdotas empapadas de desafío por venir fueron parte de esta jornada del día martes tanto en horas de la mañana en UBV-Zulia como en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAM-LB), en horas de la noche.

Sigue volando el ave que es la Primera Muestra de Cine Indígena. Deja viento colorido y muchas ideas que esperan concretarse para seguir haciendo imagen que enamore y haga sentir la infinita sabiduría que mantienen nuestros pueblos indígenas. Seguir movilizados siempre para que la tierra les sea devuelta, saneada de hacendados y mineros. Seguir atentos, cámara de video o fotográfica en mano para seguir acrecentando el acervo audiovisual, colectivo de estros días, meses y años de lucha incesante contra tanto afán de acabar con el modo de ser y amar indígena.

Acá ofrendo sólo unas pocas imágenes para comprender en su justa dimensión de lo que se trató este día 21 de octubre de 2008. Aclaro que en otros espacios del Estado Zulia también se proyectaron imagenes de la muestra y así dar la posibilidad a las comunidades de abrazar este sueño de querer ser amigos por siempre y para siempre de la causa indígena digna en Venezuela, en la Abya Yala y en el Planeta Azul que conocemos como Tierra.

Veamos las imágenes...

En la mañana, en la Universidad Bolivariana de Venezuela - Sede Zulia.

Imágen cedida por el amigo y colega Juan Carlos Sotillo.
Un Bolívar sigue vigilando el horizonte donde luchamos ahora.
Al fondo el Edificio del Rectorado de la UBV- Sede Zulia.

El Dr. José Huerta, Coordinador de la Sede de UBV-Zulia hace la bienvenida formal a la actividad.


Saludo por parte de la Coordinadora de Planificación de la UBV-Zulia, Econ. Cairoly Urdaneta.

Breves palabras introductorias de este humilde servidor para dar inicio a la proyección.

Imágen del amigo Juan Carlos Sotillo. Preámbulo a la imagen.

El amigo investigador del IVIC y cineasta Eliézer Arias observa atento junto a docentes y estudiantes de UBV - Zulia lo relacionado con la película.


Una vista de los asistentes a la proyección de la película
"Nuestra Historia está en la Tierra" en la sede del Auditorio
Karl Marx de la UBV-Zulia.

Atentos docentes de la UBV-Zulia se hacen participes de la palabra e inician diálogo con el director de la película invitado al Zulia en el marco de la 1era Muestra de Cine Indígena.

Los docente Ruth Jiménez del PFG Gestión Ambiental ( ala izquierda) y los antropólogos y docentes del PFG Gestión Social para el Desarrollo Local Asmery González (centro) y Luis Pérez.

Eliézer Arias, director de la película "Nuestra Historia está en la Tierra" inicia su discurso e interacciona con docentes de la UBV-Zulia.

Pleno discurso de la profesora Ruth Jiménez hizo estremecer las visiones apologéticas que aún se perpetúan en el seno del proceso revolucionario y lo reducen a un festín meramente de calle, lectorero mas no propiamente cultural. Sus observaciones pertinentes e incisivas son escuchadas con atención por los asistentes al foro. La segunda imagen es de Juan Carlos Sotillo.

Fotografía del docente y poeta Juan Carlos Sotillo.
Perpesctiva del cine foro en UBV-Zulia.



Ya en horas de la noche en el
CAM - LB, 7:30 pm.


La amiga y documentalista Yanilú Ojeda saluda a los muchos asistentes a la proyección de los documentales sobre la lucha por la demarcación de los territorios indígenas yukpas en la Sierra de Perijá así como el enfocado a la salvaguarda y protección de la Cuenca Hidrográfica del Socuy llamado "Siembra del Agua" relacionado con la lucha socioambiental que adelantan con mucha fuerza y coraje los compañeros wayuú.

Sabino Romero (hijo), 2do cacique de la comunidad de Chaktapa, ubicada en el suroccidente del Estado Zulia. La presencia de este joven desgarra el silencio e irrumpe con su digna presencia en contra del sicariato ganadero comandado por Alejandro Chávez Vargas, mismo proceder racista que le mató a su abuelo de 107 años, Juan Manuel Romero. El Valle de Chaktapa: Una zona de conflicto donde aún permamecen las secuelas de la muerte y el dolor en las comunidade sindígenas al no saberse plenos en sus espacios ancestrales, robados y saueados a sangre y fuego ( a plomo limpio) por los finqueros hace ya varias décadas atrás.


Imágenes de la interacción de Jorge Montiel en la Sala Audiovisual del CAM-LB.

Con gracia y contundencia, con aplomo y preciso discurso, el amigo y luchador nos hizo ver la realidad social y ecosistémica que se viene presentando desde hace años en la zona que abarca la Cuenca Hidrográfica del Río Socuy ahora amenzada por la terrofagia y la perversión de la explotación del carbón.

Conocer de la humedad amenazada por los armatostes corporativistas, caducos y tecnocráticos que aún pululan de manera sorda en medio de este proceso de cambios significó un alerta contundente que llama nuevamente a activar el alma y el cuerpo para evitar más alevosía de los señores matanza que acaban el verdor por la búsqueda del papel moneda.

La audiencia y sus preguntas e inquietudes dinamizaron al final esta jornada de cine indígena, de imágenes comprometidas con la dignidad y linda rebeldía de nuestros hermanos yukpas y wayuú de la Serranía de Perijá.

Sabino Romero (hijo) y el amigo y estudiante del PFG
Gestión Ambiental: Orlando Medina conversando sobre los desafíos que vendrán.


Los soñadores de la primera muestra de cine indígena reunidos: La amiga wayuú Leiqui Uriana (a la izquierda), junto a la documentalista Yanilú Ojeda y el cineasta wayuú David Hernández Palmar.

Una aguerrida estudiante de antropología, decidida mujer que pertenece a la etnia de los indígenas Yekuana del Estado Amazonas. Su nombre: Zuleima Jiménez.



Pronto insertaré los videos de estas actividades, están en proceso de edición.

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jueves, noviembre 29, 2007

La grieta necesaria. Sobre los procesos de aprendizaje de la unidad curricular Arte y Ecología. PFG Gestión Ambiental UBV-Zulia

Lo que a continuación se escribe proviene de una respiración necesaria, de una pausa que brinda la montaña y su fronda. Lo que a continuación se escribe surge desde la movilidad emprendida en colectivo, por segunda vez, con estudiantes de 5 secciones de la unidad curricular Arte y Ecología.

Luego de 15 días de haber iniciado un experiencia de trabajo centrada en la construcción con barro y caña brava en la localidad de Kusí, parroquia Marco Sergio Godoy del Municipio Mara (Estado Zulia), volvemos con la energía renovada a culminar la construcción.

Desde temprano contamos con la asistencia masiva de 80 almas, 80 estudiantes que esta vez con su apoyo y entrega harán posible el avance más eficiente hasta alcanzar el desafío: aprender entre todos y activar lo mejor de nuestras fuerzas creadoras para el bien de una familia indígena wayuú.

Hablar desde un principio de "la grieta necesaria" se relaciona con los aprendizajes de la primera experiencia de trabajo emprendida los días 10 y 11 de noviembre de 2007. La técnica de construcción empleada resultó ser poco eficiente y la simple observación de la construcción agrietada fomentó un necesario debate que ayudó enormemente a mejorar la técnica a implementar en el futuro.

Entre estudiantes y docentes (esta vez se contó con la ayuda solidaria del docente y amigo Lenín Parra) se tejió una nueva alternativa de trabajo que permitió aprovechar de manera efectiva toda la materia prima necesaria para iniciar la nueva faena.

Con 80 estudiantes se inició de nuevo el corte de la caña brava (bambú), la recolección de la tierra y de la paja que abunda en todo el camino para, en esta oportunidad iniciar la nueva experiencia con los aprendizajes "a cuestas".

Es bueno destacar que siempre cada oportunidad de trabajo brinda importantes experiencias, muchas de ellas inéditas y esta oportunidad no fue la excepción: Contamos con la ayuda nuevamente del amigo wayuú Nectario y se suma a la tarea colectiva el compañero Kasuka, principal beneficiario, junto a su familia, de la construcción que hacemos.

Mientras continua el agite y el debate en la ciudad que dejamos atrás para maximizar la concentración y el esfuerzo; mientras tejemos un necesario ambiente de trabajo colectivo y aprendemos a mirarnos en la ayuda que de apoco, entre todos, generamos, surgen importantes ideas que a futuro permitirán darle continuidad a la unidad curricular que nos reúne y a fortalecer otras iniciativas necesarias en defensa del agua y la vida.

Desde la sensatez y desde la emoción que significa llevar a buen término un aprendizaje colectivo, desde todos, toca seguir evaluando y analizando reflexivamente lo construido "desde las manos y pies" en estos dos días de permanencia en Kusí. Toca seguir corrigiendo las grietas, aprender de ellas para que la entrega a futuro no dilapide esfuerzos y permita concretar lo anhelado.

Resulta muy grato ser parte de estas experiencias que pretenden colectivizar los asombros y las voluntades con el objetivo primario de desmitificar los imaginarios sobre materiales de construcción que desde la urbe se nos inculcan de manera avasallante sin ningún tipo de análisis.

Resulta grato poder iniciar un trabajo colectivo que aglutina conversas y saberes, que fomenta y renueva la verdadera vocación de nuestra universidad, la Universidad Bolivariana de Venezuela, acercarse a las comunidades que somos y transformarlas desde la fuerza colectiva.

Kusí, localidad wayuú no exenta de amenaza carbonífera, en 4 días (a lo largo de dos semanas) ha visto la movilidad que 160 jóvenes estudiantes y 5 docentes son capaces de generar mientras se aprende del barro su sencillez, su originaria delicadeza y dureza.

Reforzar estas iniciativas se asume como tarea fundamental para generar nuevos y necesarios espacios de creación y formación académica, plenos del juego y la gestualidad que no suele abundar en los "cuadrados salones de clase". Insistir en estos aprendizajes para pasar a la sincera democratización de los saberes y experiencias comunitarias.

Inventar o errar y de las grietas necesarias, aprender!!!

A continuación parte del registro fotográfico de la experiencia de los días 24 y 25 de noviembre de 2007:

Estas son las grietas que se señalan.

De estas grietas se aprendió a reconsiderar la técnica de trabajo hasta perfeccionarla con ayuda de todos.

La observación y la reflexión como guías para mejorar lo hecho.

Salida de los buses desde las inmediaciones del diario Panorama en la ciudad de Maracaibo.

Llegada de los buses al camino que conduce a Kusí.

Desembarque de los estudiantes del PFG Gestión Ambiental. UBV-Zulia.

Preparando la carga para iniciar el trayecto.

En wayuunaiki: Bienvenidos a Kusí.

Vegetación a orillas del camino.

La humedad y la clorofila presentes siempre en estas sendas.

Llegada e instalación de las carpas.


Primeras observaciones del trabajo previo efectuado los días 10 y 11 de noviembre de 2007.

Conversatorio introductorio a cargo de la docente y amiga Ruth Jiménez. Se designan los equipos de trabajo para organizar el esfuerzo de trabajo colectivo.

El corte de la caña brava, presente en las inmediaciones, comienza.


La paja proveniente del camino así como la tierra extraída con ayuda de los picos y palas comienza a apilarse en las cercanías de la casa que se erige.

Una toma para apreciar la cadena humana que se ha encargado de subir la tierra arcillosa. También se aprecian a las muchachas encargadas del traslado de la paja hasta el lugar de la mezcla.

La recolección de la tierra arcillosa se hace con ayuda de las palas y picos.

El traslado de la tierra se da con la ayuda de los estudiantes.

Los encargados de la recolección de la tierra son avisados del cese de la faena. Comienzan su retorno al campamento para sumarse a otras actividades pendientes.

Una vez juntas la tierra, la paja, se hace necesario trasladar el agua para iniciar el barro. Para ello se designa a un grupo que, desde el pozo de la localidad, trasladará el vital líquido para efectuar la mezcla en el campamento.

Las muchachas encargadas de la recolección de la paja se aprestan para juntarla con la tierra en el campamento.
Nueva perspectiva del campamento en Kusí. En el fondo el colorido campamento se encarga de las tareas asignadas.

Esta vez se decide probar una nueva técnica: abrir un foso para probar con otro tipo de tierra.

Este ha sido el lugar donde se ha apilado la tierra, la paja y el agua proveniente del pozo comunal.

Luego de un descanso colectivo, se inicia el corte (no tan desmenuzado) de la paja para su posterior añadido al barro que se prepara. Este es uno de los aprendizajes que se suman luego de una primera experiencia de trabajo.

La caña brava se divide en dos para luego avanzar en el "encañado" de la casa. En este sentido es bueno acotar que esta vez el andamiaje sólo constará de varas horizontales dispuestas en un plano externo e ineterno. Una vez completado el andamiaje se rellena con "moñas de barro" y se presiona con troncos de caña brava verticales.


Otra perspectiva del corte de la caña brava.

Equipo de estudiantes encargado de la esforzada tarea del traslado del agua desde el pozo hasta el campamento. Dos pipas fueron llenadas por completo.

Se avanza en el foso donde se preparará el barro.

Comienza el colectivo apisonamiento de la tierra con el agua para formar el barro. Comienza la fase lúdica de la jornada de trabajo colectivo.

Coincidir en el barro. Pisar y amasar. Las texturas y el trabajo sensorial complementados.

Paulatinamente se acercan nuevos estudiantes aún no convencidos de la bonita experiencia.

Esta vez se procede a apisonar el barro dentro del foso abierto.
Una nueva faena de traslado de agua activa la inventiva del grupo. Esta vez se obvió la cadena humana y los estudiantes asumen la carga colectiva.

Para evitar el secado del barro preparado se hace necesario añadir la paja.

Llega la tarde y es necesario cubrir el barro preparado con la paja desmenuzada previamente.

Sol de la mañana anuncia un nuevo día de trabajo colectivo.

Las arepas, pan local de harina de maíz precocida, se monta en la parrilla para el desayuno de uno de los equipos de trabajo.

Con el sol mañanero se inicia la primera faena de trabajo: Mezcla del barro con la paja desmenuzada. Esta vez la cantidad de paja es mayor que la empleada en la experiencia pasada. Esto con la intención de mpoder producir las "moñas de barro" que se insertarán dentro del andamiaje horizontal de caña brava.

Foto cercana del preparado de paja y barro apisonado por estudiantes y docentes.

Se inicia el proceso de construcción del nuevo andamiaje (nueva pared) con la caña brava. Para esto se emplean martillos, clavos de acero y alambre dulce.

Asi se van colocando las cañas previamente cortadas.

Con ayuda del machete se van cortando aquellas cañas que son más largas que la pared.

Es necesaria la participación de la mayor cantidad de estudiantes pues el trabajo con la caña debe optimizarse para iniciar el levantado de la nueva parred de barro.

Colocación del alambrado para reforzar el andamiaje de caña brava horizontalizado. Algo de las "moñas de barro" se aprecia en la parte inferior izquierda de la foto.

El amigo Kasuka ayuda y asesora la nueva técnica de construcción con barro y paja. Las "moñas de barro" se comienzan a apilar entre las varas de caña horizontales previamente colocadas.


Por ambos lados de la pared se comienza a colocar el preparado de barro y paja.

La simple observación y una leve asesoría motiva a las muchachas a comenzar la construcción de la nueva pared de barro.

Se activa lo mejor de la fuerza colectiva para iniciar la jornada de trabajo hasta ahora más exigente: El levantamiento de la nueva pared de barro.

La técnica de colocación manual del barro también sufre unas mejoras si la comparamos con la empleada el día 11 de noviembre de 2007: Se coloca el barro y a la par se va "frisando" el material.

Comienzan a verse los resultados de la nueva y mejorada técnica de trabajo con el barro. La caña brava no es completamente ocultada, la misma se deja ver. Internamente el barro está sostenido por varas verticales de caña.

Algunos salientes de caña brava son eliminados con la ayuda del machete.

Con la misma técnica se comienza a levantar una nueva pared, en este caso frontal.

El barro nuevamente se comienza a agregar entre las varas de caña dispuestas de manera horizontal.

Una toma interna de la casa revela el acabado alcanzado en la primera y segunda pared levantadas con la nueva técnica.

Detalle de la nueva pared erigida. Nótese la textura y el acabado de la misma.

Con el amigo wayuú Nectario.

Un conversatorio final despliega las necesarias frases que recogen gran parte de las enseñanzas de los dos días de trabajo colectivo.

Reunidos los estudiantes, los docentes y algunos miembros de la comunidad de Kusí se debaten en colectivo los aprendizajes que este tipo de jornadas inéditas dejan.

La atención y la tertulia, luego de un evidente esfuerzo plural son registradas por completo.

La atención se mantiene hasta último momento, previo al retorno. La docente Ruth Jiménez hace importantes indicaciones sobre lo acecido en estos dos días de trabajo plural.

Otra toma del conversatorio final.

De nuevo nuestras palabras, de nuevo las marcas, las huellas de nuestra labor amiga del agua y la vida sobre las paredes erigida por todos.

Toma del trayecto de regreso. Domigo 25 de noviembre de 2007.


La llegada a Paraíso (Cachirí). Una gran mega jornada convocada por la Alcaldía de Maracaibo confunde por el ruido y la basura generada en el sector. La convocatoria a votar por el Si en las cercanas elecciones del día 2 de diciembre de 2007 por el referendum aprobatorio de la reforma constitucional es contundente en estos espacios.

Esta vez pudimos con tiempo tomarnos un breve descanso (pero merecido) en el río.

Imágenes de la espera de los buses de la UBV-Zulia en El Paraíso.

Retorno a la ciudad de Maracaibo. La jornada colectiva asume los aprendizajes y afianza su compromiso con el conocimiento construido por todos y para todos.

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