jueves, octubre 01, 2026

De armas geofísicas contra el mundo distraído. Aproximaciones responsables a la economía política de las guerras climatológicas. Artículo exclusivo para la RedH de Nicanor A. Cifuentes Gil (Venezuela)


 “(…) El clima ya no es –solo- un hecho natural, sino –también- un efecto político económico”. Mark Fisher

En un ensayo previo publicado en 2025 a cuatro manos junto a la DraC. Lilia Ana Márquez Ugueto para la Revista Controversia (de la Universidad Pontificia Javeriana y el Centro de Investigaciones en Educación Popular –CINEP- de Colombia) intitulado: “La invención del recurso natural. Discusiones contrahegemónicas sobre la economía política del racismo y la economía geopolítica del desarrollo ecocida” (Revista Controversia (224), pp. 1-30.https://doi.org/10.54118/controver.vi224.1352) ya asomá bamos (en tres momentos): 1) La necesidad de evidenciar el campo de batalla de la Crisis Climática y sus aristas: la falacia del “cambio climático” y el encubrimiento de posibles guerras climáticas, 2) Una discusión interpelativa que insurgía como un corpus teórico militante destacando como núcleo generador las ausencias de justicia como axiología y, finalmente, 3) la condición de posibilidad de subvertir las amenazas del cambio-crisis-guerra climáticas con las acciones ecomilitantes populares reparativas desde las geoculturas del trópico del sur mundial.

Quitándonos el velo ideológico modernizante

Cuando logramos diferenciar políticamente qué es el cambio climático, qué la crisis climática empezamos a estar prevenidas y prevenidos, que, dentro del sistema-mundo moderno y su racionalidad conquistataria, el clima se puede convertir en un “campo de batalla”, es decir, pueden las generaciones actuales y venideras del mundo biótico del planeta vivir/sufrir una “guerra climatológica”, atizada desde la hegemonía bélica terrofágica del norte global, en la lucha por el control de los mal llamados “recursos naturales”.

La primera ingenuidad política a superar está en la idea colonizada de cambio climático: Esa necesidad de intentar sustituir como normatividad recursiva el problema de la crisis del clima que deriva del patrón de desarrollo moderno occidental que ha impactado el mundo natural y, con él, todo su funcionamiento y perdurabilidad. Sobre la  categoría vida perdurable, recomiendo la lectura de mi tesis doctoral (2023) donde, como tercer propósito, justifico y propongo su consideración como idea fuerza y como categoría ecomilitante sustituta y liberadora de la estafa categorial de la sustentabilidad/sostenibilidad propia de la creencia desarrollista y denunciada como agenda impositiva y encubridora de la geopolítica económica del desarrollo ecocida.

Hasta ahora, fuera de todo encubrimiento y manipulación, el cambio climático remite en su definición más llana, desde una visión realmente biocéntrica, a esas transformaciones que se dan a largo plazo, manifestándose en las temperaturas y patrones climáticos medibles en grados centígrados y/o modificaciones hidro-meteorológicas que se interrelacionan a nivel del océano–atmósfera. No obstante, esos patrones a escala planetaria se pueden identificar en las precipitaciones, en las nubosidades, en el incremento de la nieve, en el alza del nivel de agua en los océanos, en las tormentas (ciclones tropicales) y las sequías, en fin, en eso que conocemos ciertamente como fenómenos naturales, que sí, indiscutiblemente impactan la situación ecosistémica a escala planetaria.

Pero el cambio climático es endémico a las dinámicas del mismo planeta, no en balde es a 25 kilómetros de altura (promedio) que en la tropósfera se gesta lo que entendemos por clima. Al hacer la caracterización de lo que el clima es y las dinámicas que genera no existe probabilidad alguna de que se confunda con la definición de “tiempo atmosférico”, ya que el tiempo atmosférico está basado en un factor de escala temporal promediado mucho menor que el concepto de clima.

Destaco que lo que pretendo interpelar para comprender la lucha por la justicia climática es el componente ético político de la transformación del clima y la necesaria historización de ese proceso para comprender cómo un proyecto civilizador, no solo conquistó el mundo y lo globalizó desde el tipo de economía ideologizada (terrofágica y ecocida) que produjo, a partir de la toma de decisiones del supremacismo europeo en principio sobre nuestros territorios-cuerpos tropicales del sur mundial biodiverso (Sistema de Comercio Triangular América/África/Europa), sino que, luego de acumular originariamente elementos naturales y conocimientos científicos de las civilizaciones del trópico, se lanza a la aventura en los siglos XVIII y XIX a mundializar en los mercados emergentes e imponer en nuestros territorios megabiodiversos, su idea de Revolución Industrial, bajo el subterfugio de cambiar el proceso de economía agraria y artesanal a una dominada por la industria y la maquinización del trabajo humano.

Además de hacer su idea de revolución y desarrollar su anhelo de industria metiendo en su inventario de bienes los elementos naturales de nuestros ecosistemas (minerales, fauna, flora, especies bacterianas y fúngicas, cuencas hidrográficas, océanos, rocas, montañas e incluso poblaciones humanas), globalizaron su razón mercantil a través del surgimiento y establecimiento de sus economías políticas. Importante  entender la categoría economía política como el proceso mediante el cual, a partir del control del comercio internacional (Comercio Trasatlántico siglo XVI), se subsumen todas las experiencias económicas del mundo en un proceso sistémico y sistemático de colonialidad de la productividad, vigente incluso en nuevas estrategias universalizantes de la economía colonial-imperial, del racismo y de la falacia del desarrollo, pero fueron más allá, con la implementación de una geopolítica económica, donde la idea de desarrollo que se impuso es ecocida, culturicida, epistemicida y economofágica, entendida esta última como el acto concreto de extraer los elementos que dinamizan a las economías productivas, despojándolas de su función de reproducción de la vida para justificar el valor de cambio como un absoluto. Esa economofagia es avasallante al no reconocer los límites naturales de un planeta finito y, “tragándose” al mundo, acumula renta, recursos, capital y sustantivamente acumula poder para perpetuar ad nauseum su patología ontológica ecocida desacoplada del tejido biodiverso planetario.

Por tanto este texto, insisto en esto de las aproximaciones responsables, apunta por recomponer, en una urdimbre reflexiva, nuestra herencia de pensamiento crítico latinoamericano y caribeño, nuestra posición epistémica que se pregunta en todo tiempo y espacio sobre las ausencias de justicia a las que nos llevaron como expresión humana lugarizada en el Sur Mundial tropical biodiverso, desde el sometimiento una vez iniciado el saqueo y expolio, la periferización y marginalización de nuestras geohistorias y geoculturas para mutarlas, acomodaticiamente, a la endeble referencia de cosa mercadeable o al actual anglicismo de commodity.

Este preguntarnos conduce a interpelar la realidad que se vive/padece para, finalmente, trazar desmontajes/develamientos desde una militancia que investiga con fines reparativos y así ir más allá y sobreponernos colectivamente, desde certezas de pueblos del Sur Mundial, a las situaciones coloniales/neocoloniales y recoloniales que el Sistema-Mundo (Wallerstein, 1979) nos impone, tanto desde la ráfaga belicista (posibles armas geofísicas) como desde sus jerigonzas y narrativas omniabarcantes, científico-académicas tecnocráticas desde el dominio y reducción existencial de lo que somos como “extrañeza a reducir” para sus agendas de saqueo.

De allí la importancia de situar el agravado conflicto climatológico en y desde el trópico, en el contexto de la crisis/emergencia climática, porque es una situación real, donde está operando “en pleno desarrollo” lo que se denuncia como racismo ecosistémico. El término racismo a medida que se profundiza la patología supremacista se ha podido tipificar en diferentes dimensiones de la vida. Para Frantz Fanon (1952), el antagonismo que se da entre las Zonas del Ser y las Zonas del No Ser tienen de por medio lo que Boaventura de Sousa Santos describe como la línea abismal (2009). Esa separación ontológica describe, desde la colonialidad del ser, la construcción colonial de una diferencia donde el que conquista es humano y el conquistado es desprovisto de toda humanidad, incluyendo su relación con el espacio que surge como civilización. El racismo ecosistémico es precisamente pensar que las civilizaciones del trópico no somos merecedoras de las riquezas que producen y reproducen nuestros ecosistemas por el simple hecho de que fuimos conquistables que ha sido el elemento ordenador del territorio en nuestras geohistorias.

Es más que pertinente, por tanto, meterse en estas aguas hondas para poder pensar sobre el comportamiento humano frente a esa “santísima trinidad” cambio-crisis-guerra, porque es en esos errores, percepciones y decisiones donde vemos el caldo de cultivo, el sustrato para así activar habilidades y destrezas que incidan en la radicalización interpelativa propositiva, como militancia del giro descolonial en clave ecosistémica, porque considero que, de todos los problemas graves del mundo, este es el más urgente, agravado y profundo, el más radical, el más trascendental y el más definitivo en términos de existencia.

La intención no es vencer a nadie que abrace las ideas colonialistas, sin embargo, creo que es necesario que el diálogo se presente para pensar en conjunto soluciones a la mayor brevedad e integralidad posible. Tampoco se quiere convencer a nadie: El pensamiento tecnocrático es la mejor expresión de la colonialidad del saber, como ejercicio lingüístico de poder/hacer. Es poco usual que alguien que haya estudiado la razón instrumental en todos los niveles de educación formal, se dejara convencer tan fácilmente de lo contrario a sus creencias.

El camino militante que se escoge es el de conmover a las comunidades rurales, quienes, a fin de cuentas, padecen las consecuencias erosivas de la crisis climatológica, y trabajar junto a ellas para ver qué podemos hacer, porque se debe avanzar en lo inteligible de las emociones, de las certezas/incertezas frente al riesgo, frente a la finitud de la vida: sentipensar el conflicto real de la emergencia climatológica, atizada por el supremacismo patológico del Norte Global en nuestros territorios, nuestros tiempos y latencias soberanas, que son la piel de nuestra geohistoria y geocultura.

De ignorares y distracciones a radicalizaciones descolonizantes contextualizadas en los territorios que somos

Lo que debemos entender es la eficacia de un marco categorial que, por repetición, se ha reforzado cognitivamente en forma de pensamiento acrítico, cimentando reflejos condicionados perpetuados en la super estructura de la sociedad capitalista, misma que es reproductora de ignorares a conveniencia de la lógica expoliativa y deshumanizante del neoliberalismo actual y que termina permeando la racionalidad y confundiendo los niveles de conciencia con acumulación de información, más que comprensión de lo que se nos está informando acerca de la vida toda en tiempos de agravada emergencia climatológica.

Entonces radicalizar el giro descolonial, como demanda ecomilitante frente al peligro que representa la crisis climática y la guerra climatológica encubierta en novedad de “cambio climático”, es ir avanzando hacia un proceso metacognitivo; este último referido al conocimiento, concientización, orientación y naturaleza de los procesos de aprendizaje en medio de la guerra de relatos donde se omite la ciencia climatológica de manera vehemente que nos haga recuperar el pensamiento tropical con las prácticas ancestrales y originarias de estos ecosistemas que nos incluyen como una especie más del entramado sistémico vivo.  

Preciso entender que evolucionar hacia el origen es volver a estar-siendo en el trópico en cuerpo, alma, mente y corazón, con cuáles memorias/ideas/acciones, desde qué sensaciones, percepciones y con cuáles atenciones recuperar las memorias ecosistémicas de nuestros territorios para comprender que, desde allí, serán muchas las revelaciones que se darán frente a las manifestaciones climatológicas realmente emergentes en forma drástica y apuntando hacia los “territorios-botines” geopolíticos definidos desde el Norte Global.

Lo que hemos avanzado desde la economía política del racismo y la geopolítica económica del desarrollo ecocida

Para poder entender el conflicto bélico alrededor del clima, es de vital importancia comprender que en las relaciones de producción que creó el Sistema-Mundo moderno, un elemento importantísimo de su triangular económico dentro de los factores de la producción fue la naturaleza. El factor “tierra”, en la lógica de las relaciones de capital, es el primer eslabón de esa cadena productiva y, desde un tipo de racionalidad económica, se produjo un tipo de actividad humana que se conoce como “industrialización moderna” que ha sido el principal responsable de la variación del clima en diversos ecosistemas de la tierra.

Ya decíamos: “La carbonización de la economía, su posterior “petrolización”, hasta llegar a la coltanización/litiogización. Toda la adjetivación que se genera de los elementos minerales estratégicos antes nombrados corresponde a la crítica política de la colonialidad productiva, evidenciando los nuevos patrones de reservas en las riquezas de las naciones imperialistas donde las nanotecnologías suplantan en un trayecto histórico mundial, que estamos definiendo del capitalismo al neoliberalismo, a la matriz de combustibles fósiles de la industria nanotecnológica, como patrones presuntamente de economía mundial, tiene un alto costo ecosistémico y civilizatorio que violentan a las naturalezas y geohistorias que viven en la franja tropical biodiversa del planeta”  (Márquez Ugueto y Cifuentes Gil, 2025)

Armas geofísicas en medio de escenarios globales de distracción zombificante

La pretensión de este apartado es la de poder ubicar al lector (¿consumidor?) de la sobreabundante información falaz (casi a modo de manual de sobrevivencia) sobre la actualización de la lucha de clases en pleno despliegue del siglo XXI, luego ya de más de tres décadas de superar la barrera tendenciosa del “fin de la historia” afirmada por Fukuyama.

Saber contar con visiones y enfoques más nítidos sobre la dinámica del mundo atizado por plutocracias corporativas y esquemas renovados (mutados) de neo-ultraderechismo ayudará a sincerar el tan escamoteado tema de “lo ecosistémico” reducido tantas veces a “telón de fondo” de las peripecias de una inmensa humanidad doliente en sobrevivencia ante la arremetida tecnocrática y lesiva del complejo militar industrial estadounidense en su hora más artera y patológica.

Ya no solo bastan las descolonizaciones o giros decoloniales como mantras sobre el papel (físico o digitalizado) que aterrizan debates y militancias sobre “lo social” con su flema patriarcal/racial/de clase tantas veces padecida; necesaria la insurgencia de “lo ecosistémico” más allá de la mirada jardinera (despolitización de la ecología) denunciada por el seringueiro amazónico del Brasil Chico Mendes.

Me importa aportar en la dirección reflexiva y ecomilitante donde la naturaleza colonizada, sometida a la voraz bursatilización / cosificación del Norte Global belicista, pueda “ecuacionarse” en clave sentipensada para así poder acoplar las aristas que  la sociología/antropología (diríase ciencias sociales) no estuvieron ganadas para considerar, desde su innegable origen colonizante, digamos por un “error interpretativo de fondo”.

Adosar pues enfoques y prontuarios vividos/padecidos para desde el develamiento de la Economía Política del Desarrollo Ecocida poder establecer “puntos de fuga” que integren la demasiada dispersión reflexiva que sobre la lucha de clases, el consumo voraz de la vida megabiodiversa en los trópicos del Sur Mundial se suscitan sin poder ver/conectar/denunciar/transformar estas expresiones de patologización y necropolítica ensanchada a niveles de suicidio planetario y encubiertas con categorías (o significantes vacíos) como bienestar, progreso, desarrollo sostenible/sustentable.

Que la biodiversidad tropical es más que “moneda de canje” y materia prima para la fase que habrá de superar la torpe y racional de muerte quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural) pudiera débilmente concebirse a partir de la saturación de información distractiva con la que nos permean de seguidos las redes sociales a las que nos suscribimos adictivamente.

Lo radical y tal vez urgente para considerar las efectivas posibilidades de sobrevivencia de los pueblos que conformamos en común-unidad al Sur Mundial, pasaría por zafar con radicalidad consciente de embaucamientos climatológicos convencionales para poder conectar con planes de dominio geopolítico hegemónico por parte de vetustos imperios en evidente decadencia: Así el clima y, por ende la climatología, desde un enfoque práctico de racionalidad instrumental (ciencia para el dominio de élites científicas corporativas erigidas para la muerte de la humana humanidad) expanden informaciones que la ecología tropical y las ciencias militares imperiales hace escasas décadas atrás ni siquiera soñaban en acoplar pero actualmente sí.

Trascendiendo “conspiranoias” de la mediática falaz se despliegan, desde un buen tiempo para acá, prontuarios, casuísticas, desclasificaciones, “huidas narrativas hacia adelante” que ponen al imperialismo actual del Sistema Mundo Moderno como los beneficiarios directos del uso/abuso de potenciales armas geofísicas que pudieran fácticamente ayudarle en la avanzada invasiva recolonizante que por vía geopolítica actual ve muy limitado su viabilidad dado su evidente y cercado margen de maniobrabilidad bélica ante la emergencia fáctica de fuerzas de estados nacionales (con potentes arsenales nucleares sea dicho de paso) que insurgen en el  mundo pluripolar y multicéntrico.

Ya no es petróleo, gas natural y carbón la fundamental apetencia de las potencias que fagocitan la fuerza vital de mujeres y hombres del Sur Mundial tropical (tipificados acomodaticiamente como recursos humanos), ese ciclo se está cerrando ante la urgente transición energética del Norte Global que reclama su sistema neoliberal plutocrático escaso en el reconocimiento de los límites planetarios/ecosistémicos para el crecimiento/desarrollo económico. El agua y litio como elementos ecosistémicos mutan forzosamente, desde la invención patologicista de la tecnocracia capitalista ecocida, a “recursos naturales” claves para poder viabilizar los voraces consumos de energía que millones de generadores de contenidos virtuales distractores (a lo largo y ancho del orbe) se manifiestan ya, y cada vez más, como renovada versión del mismo “pecado extractivista” con el que la arista moderno capitalista agrede las bases materiales y espirituales de la existencia presentes en la naturaleza planetaria.  

Al no contar el Norte Global colonial imperial con la suficiente capacidad de incidir política y militarmente en los otrora patrios traseros de su estamento imperial ahora lucran, desde una escalofriante manifestación de la banalidad del mal, con las reconstrucciones o gestiones administrativas de las calamidades o mal llamados “desastres naturales” que parecieran acontecer a los países – rincones del mundo donde su voracidad (cada vez con mayor urgencia) apunta. El prontuario de la “utilidad sísmica” trasvasada a terremoto de magnitud letal acoplada luego a una “intervención humanitaria” (otrora de cascos azules de la ONU hoy ya más descarada desde la dupla exterminadora de Departamentos de guerra, estados genocidas del Sistema Mundo Moderno en el siglo XXI) ya deja de ser casual y revela visos de causalidad no ajena a escrutinios descolonizadores anti imperialistas siempre necesarios.

No se trata acá, por ahora, de inundar y permear por tanto al lector de cifras y potentes argumentaciones capaces de interpelar y trascender el entumecedor rol al que nos destinan como meros consumidores de noticias distorsionadas a capricho de los entes distractores y así socavar, cual rapiña muy propia del que se sabe acorralado, las ecologías apetecidas que tanto les mueve a la agresión y exterminio permanente.

La pesquisa que trenza conocimiento ecomilitante sobre la ecología tropical del Sur Mundial con geopolítica económica del desarrollo ecocida abulta cada vez más las aristas desacopladas de un entramado poliédrico al que solo nos permiten acceder como consumidores de falaz información a algunas puntuales y convenientes caras. Es la labor política interpelativa, filosófica y lugarizada de las y los sujetos racializados e insertos en geoculturas del biodiverso Sur Mundial debemos atizar como reparación científica ante la ausencia de justicia integral y  ante la desesperanza inducida como acción entumecedora, como otra múltiple expresión del robo de lo trascendental en nuestras vidas, tornándonos cada vez más en precarios sobrevivientes de una vorágine parida desde la exterioridad imperial de dominio y exterminio constante.

Así este ensayo pretende sin más reventar ingenuidades y atizar formulaciones y necesarias ecuaciones que desde la sabiduría popular “desexotizada” y “desfolklorizada” abrazan a una academia científico tecnológica popular capaz de “abrir brecha” en los espacios y tiempos convencionales que nos doblegan por estar siempre operando una ciencia y una tecnología (el singular es a propósito) que no es nuestra ni mucho menos ha servido para la vida, el bienestar colectivo y lo digno.

Que los diálogos entre los suelos, los cielos y las atmósferas (troposfera e ionosfera fundamentalmente) del planeta vivo ya fueron descifrados y ya fueron tipificados y descritos desde una taxonomía belicista (vía ciencia como racionalidad instrumental de muerte) para su utilitario y mercantilista fin de acumulación de capital y poder en pocas manos desde la desposesión de la inmensa humanidad doliente ubicada en la coordenada apetecible del Sur Tropical Mundial.

Que ya los mapas y los artificios aparecen bajo una óptica obligante y desde una ética que desfonda la ciencia cerrada para abrirla al efectivo y revitalizante uso de poblaciones agotadas de los metarrelatos y encubrimientos, de los epistemicidios y culturicidios con los que han pretendido avanzar en más de cinco siglos las mismas corporaciones imperiales que mutan a estados naciones en virtud del viento / tufo criminal que más les anime, que más les convenga.

Tiembla el suelo como nunca y ya existen pulsos electromagnéticos teledirigidos. Abundan las sequías extremas en zonas donde otrora hubo ciclos estacionales propios de la rotación traslación planetaria y de la manifestación climatológica del planeta vivo y entonces toda la iracundia narrativa mediatizada y falaz habla desde una babel que enturbia y acusa con categorías tecnocráticas que le permiten al hegemón ecocida “ganar tiempo/poder/capital”: le llaman Cambio Climático y habrá, desde su irrupción en nuestras mentes, de justificar a los poderosos e invisibles tecno corporativos que se “comen al mundo” y sus elementos naturales tornados hace rato, largo rato, en comoditties.

Arde el orbe, se derrite como helado global la heladera de los polos y así, en secuencia negativa, en película de lo abrupto y calamitoso los niveles del nivel del mar oceánico se incrementan y reinan las inundaciones mutadas en imágenes que saturan los dispositivos que ahora digitalizan, socavan el mundo, tornándolo contenido de lo infausto, noticia y tendencia, viralización monetizable de la vida que se apaga mientras solo nos encerramos a verlo desde los teléfonos-oráculos.

Entonces el arma geofísica hoy es lo que fue en secreto ayer el arma nuclear (ojiva de hidrógeno verbigracia Hiroshima mon amour) Es por campos/fases, a mi juicio, la avanzada de la perversión científico fascista misma que hace del saber poder para destruir y someter. No es guión cinematográfico distópico y sí manifestación dura y cruda de que ya no cabe nada ante la ciencia patriarcal eurocentrada por descifrar cuando las neuronas, los genes, el profundo océano, el espacio sideral y sus cuásares y negros agujeros dejan de ser zonas de misterio y veda del conocimiento de las élites de la “ciencia de muerte” para convertirse en reino de la mercancía, en expresión tangible de la sinrazón que se come a sí misma y a todo lo que se interponga en su afán disque liberador; una sinrazón cual uroboro  que se canibaliza por  y para un puñado de enfermos de supremacismo y pedofilia: la grandes “marionetas del poder” que si puede pero desde lo abyecto y degenerado.

Así esta necesidad de politizar el clima como horizonte cognitivo a niveles insospechados y hacerlo en legítima defensa de nuestras historias más que humanas, moleculares, orgánicas y ecosistémicas. Empinarnos en la exacta idea de ser especie viva (la Homo sapiens) capaz de decodificar su rol como materia consciente de sí y para sí para volver a la reconexión con la común unidad que reintegre vida perdurable sin ya más lesiones, avasallamientos y muertes multifactoriales de las y los condenados de la tierra.

Nada de ingenuidades propongo pues a la hora de encausar las dignas rabias y las dudas razonables es vital empinar las mejores argumentaciones para liberar de la ciencia entumecedora las conexiones que nos están permitiendo ver, antes que padecer con mayor ahínco, las muertes a las que parecieran destinarnos los imperios en decadencia en nombre de la libertad.

Piensa mal, lector(a) de toda derivación tecnocrática exógena a la biocultura y geocultura del Sur Mundial Tropical que somos, que habitamos. Actuemos en clave sentipensante más allá de lo retórico rimbombante de la expresión y seamos capaces y tenaces en la reestructuración de tejidos de relacionamiento capaces de insistir en las verdades robadas y erosionadas que serán vitales para el abrazo a la vida que merecemos; a esa vida tantas veces pospuesta desde que nos colonizaron la psique y el alma, las latencias y las certezas con rictus y dogmas, con alergias y taquicardias que no nos pertenecen.

Solo así, es mi corazonada reflexiva, insurgirá otro temblor capaz de destronar esa ciencia y esa tecnología que hace de la muerte vector de avance, certeza de poder.